Cuando llegamos a Espíritu Santo el pequeño pueblo estaba prácticamente vacío (la mayoría de sus habitantes trabajan en el campo y dejan sus casas desde temprano). Todas las puertas estaban cerradas y solo la tímida luz de la mañana recorría las calles del pueblo, iluminando poco a poco las palomas, los ángeles, las flores y los colibris pintados en todas las paredes de la "Ciudad Retablo".
El escenario ideal para contar esta historia.
3 de julio de 2017
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